Las expectativas para esta campaña están por las nubes, sobre todo luego de la histórica cosecha del cereal en 2025, que marcó picos históricos favorecida por las copiosas lluvias recibidas en la región productiva.

No obstante, a la hora de hacer números, las condiciones parecen haber cambiado respecto de aquel abril de 2025 cuando se preparaba la siembra y lo que sucede hoy.
Los costos para producir están más altos, apalancados por los fertilizantes y el combustible, insumos fundamentales para encarar una campaña agrícola. Además, se calcula que en esta zona agrícola el 70% de las actividades se realiza en campo alquilado, lo que supone costos más altos aún.
Según un estudio de la Sociedad Rural de Rosario, la ecuación para la siembra de trigo en campo alquilado en la zona núcleo, da negativa. Como resultado de las evaluaciones y las cuentas de los márgenes agrícolas, el estudio a cargo del ingeniero agrónomo Gustavo Recupero, mientras el trigo en campo propio tiene un margen bruto de 263 dólares por hectárea, para los campos en arrendamiento dan rojo, con un negativo -31 por hectárea.
Por su parte, en el caso del maíz que en campos propios tiene un margen bruto de 614 dólares por hectárea, se convierte en casi nulo para la situación de arrendamiento, de acuerdo con los datos del agrónomo Recupero.
“El aumento del petróleo y gas como consecuencia de la guerra en medio oriente ha provocado un fuerte incremento en los precios de los fertilizantes y combustibles, que impacta directamente sobre los costos de producción actuales. En el caso de los fertilizantes oscilan desde un 20 a un 80 % según su composición, y con respecto a los combustibles, se estima un aumento entre el 10 y 12 % en los costos de labores, fletes y cosecha”, expresaron los ruralistas santafesinos que analizaron casos del norte de Buenos Aires, sur de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos.
En contraste con la situación crítica del trigo y el maíz, la soja mantiene márgenes positivos. En campos propios, el margen bruto alcanza los 705 dólares por hectárea, mientras que en terrenos alquilados sigue siendo rentable, aunque cae a 117 dólares por hectárea, lo que representa un retorno a la inversión de apenas un 8%.
Este panorama, sin embargo, deja en evidencia lo complejo que será encarar la campaña fina, ya que si las condiciones no mejoran en los próximos meses, la siembra de trigo y maíz estará aún más limitada. A esto se suma que muchos productores deben recurrir a financiamiento externo para llevar adelante la producción, lo que agrava aún más el escenario de la campaña 2026/2027.
Tal como reflejan los datos, los cultivos de trigo y maíz están particularmente golpeados por el alto consumo de fertilizantes, que representan entre el 37 y el 44 % de los costos totales. En contraste, la soja solo tiene una incidencia del 14 % de estos insumos sobre su estructura de costos.
En cuanto a las labores, el impacto de los aumentos resulta bastante parejo entre los distintos cultivos, con subas que oscilan entre el 10 y el 12 % en conceptos clave como la siembra y la fumigación. A este contexto se suma el transporte, que ajustó las tarifas de los fletes en un 13 %. Estos incrementos tan marcados obligan a los productores a cosechar más cantidad de granos solo para empatar los costos.
Por ejemplo, el costo de indiferencia para el trigo en campos propios se ubica en 34 quintales por hectárea, pero si se considera el prorrateo del alquiler para los lotes arrendados, dicho costo asciende a 47,8 quintales por hectárea. El maíz tampoco escapa a este escenario, ya que el costo de indiferencia parte de 59 quintales por hectárea en campo propio y trepa hasta 90,3 qq/ha en el caso de campos alquilados.
FUENTE: BICHOS DE CAMPO

